Aunque faltó juego, Racing mereció más y Armani fue la figura. La revancha no es imposible.

Estos meses de silencio se hicieron eternos y calmamos la abstinencia con banderitas de Cilindro patrio. Queríamos llegar afinados al primer duelo de octavos con los de zona norte, y lo que vimos de movida fue la vuelta del chachismo vertiginoso: presionando arriba y luchando cada segunda pelota pero sin mucho juego asociado. Esa aislada y dudosa de Centu no tuvo continuidad en otras porque lo que a nosotros nos costaba a ellos les salía fluído: nos ganaban las espaldas del medio y tuvieron varias claras mostrando que Arias da la talla. Hasta que empezó la continuación de la película insufrible: "Armani, la revancha". La Pantera quiso ser Mbappé pero le tapó el boumbazo.

(Rafael Mario Quinteros)

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Cada vez que Ricky agitaba el pimentero picaba el partido como para preocuparlos, y así empezó a duchar anticipadamente a Ponzio, que solo quería lavarse las manos pero el árbitro Doronco no lo permitió. Ya 11 contra 10 estaba para pensar y ganarlo, pero nos quedamos sin el combustible de velocidad del comienzo. Sí, vale la defensa sólida -hay que tomar lo de la Muralla Orbán casi como un gran debut- pero incidía poco porque las supuestas magias muñequeras tan ofensivas ya no se vieron.

(Rafael Mario Quinteros)

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Así que dominamos pero no supimos cómo quebrarlos porque los cambios solo cambiaron una previsibilidad por otra, y más sin el cuentagotas que solo tenía Centu. Para peor, vimos el final de "Armani, la revancha", que traía otra marcianada como la que le sacó al Churry Cristaldo. ¿Falta rodaje? Sí, pero también juego, algo que ya asomaba a fines del semestre pasado. Para la revancha en la de ellos ya sabremos cómo estamos de verdad. La preocupación se resuelve con una sola palabra: tranquilidad.

(Rafael Mario Quinteros)

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