Un impuesto que desnuda el gran dilema Humano

En estos días un tema que está a la orden del día e íntimamente relacionado con la pandemia es el impuesto que el gobierno quiere implementar sobre los que poseen más de tres millones de dólares. El cálculo recaudatorio da alrededor de tres mil millones de dólares, un aporte insignificante para quienes tienen bolsillos que ya no pueden contener el dinero que poseen.

La mayoría de estos millonarios  ganaron sus fortunas sobre las espaldas y el esfuerzo  de los trabajadores que sólo reciben en el mejor de los casos salarios para sustentar básicamente su vida y la de sus familias. Otros ni siquiera invirtieron en producción y trabajo, aumentaron su capital en la ruleta financiera.

¿Quiénes son? , ¿Qué responsabilidad tiene sobre lo que está pasando? En el mundo entero ésta minoría es responsable de muchos males que afectan a la sociedad global, los más divulgados son la generación de pobreza y desigualdad, aún en los países más desarrollados. Hoy frente a esta crisis quedó demostrado que el capital no ampara en ninguna Nación del mundo a millones de trabajadores, cuando éstos no producen bienes que acumulen riqueza en su beneficio, le sueltan la mano y los dejan a merced de los estados que ellos mismos debilitan con sus políticas.  

Como es bien sabido, el poder de esta minoría  excede a los gobiernos y si éstos gobiernos en alguna coyuntura favorable para los pueblos  constituyen un desafío a sus intereses, duran poco; el ciclo siempre vuelve al “Status Quo” del dinero.

Ellos manejan la información  creando una imagen sesgada de la realidad que obnubila a un sector de la sociedad y enajena a otro.

Han creado una idea de Democracia que encaja a la perfección con la protección de sus intereses y privilegios; uno de los iconos intocables, casi “divinos” de su modelo de Democracia es la propiedad privada, ésta debe ser en todos los casos inviolable, está por encima del bien común y de las urgencias planetarias.

La crisis climática como ser, tiene su origen en la vorágine extractivista e industrialista que se sostiene en el derecho privado sobre la propiedad de bosques, planicies, lagos, montañas que tienen dueño y pueden ser manipulados al antojo del apropiador.

La ley es laxa y nunca está sobre ese derecho divino. Producir y consumir son los pilares de sostenibilidad de nuestra especie y hay un sólo modelo impuesto para ese fin: la propiedad privada.

Ellos, la minoría, han llevado al planeta a una situación de crisis ambiental de difícil retorno y lo que hoy sucede no es más que un anticipo de lo que vendrá en una escala inimaginada.

Solidaridad es una palabra con múltiples interpretaciones  y generalmente tiene su límite en la posesiones del otro, los bienes sociales no existen en este sistema y la ley divina no puede ser alterada, aunque eso signifique salvar miles o millones de vidas o proteger la naturaleza.  

Cuando  el Presidente de EE.UU, un multimillonario,  boicotea la cuarentena o habla de reactivar la economía, no hace más que aplicar el plan que la minoría más rica del mundo tiene para enfrentar el cambio climático y sus desbastadoras consecuencias.

 Para ellos la clave de la supervivencia de su sistema en tiempos de urgencia climática, es bajar la población mundial a una tercera parte  y esta pandemia es para ellos una buena oportunidad para probar y aprender a producir ese hecho con un criterio de selectividad.

¿Cómo dejar morir en el futuro cuando los “recursos” sean insuficientes  a los más pobres? . Éstos serán desechables para el sistema que ya no necesita grandes fuerzas humanas de trabajo y  la cuestión es salvar a los que son funcionales e imprescindibles  al naciente sistema de productividad basado en la inteligencia artificial y otras innovaciones tecnológicas en marcha.

La pandemia de hoy nos permite comenzar a derribar el muro que protege la propiedad privada, ya que ésta es causal de un daño global aun no totalmente cuantificable.

Por un simple impuesto en Argentina,  se librará una batalla  encarnizada. Librarla sólo de forma ocasional y transitoria sería un error grave. Es hora de apropiarse de la riqueza necesaria para hacer sostenible la vida y el planeta; para afrontar esta emergencia que no será la última , es una ocasión para comenzar a cambiar las reglas de juego y poner un límite preciso de hasta dónde llega el derecho de propiedad y donde nace el derecho social  a la preservación igualitaria de la vida. Es momento de entender que aun superada esta pandemia ,hay un peligro mayor para el cual no estamos preparados, un peligro que no se resolverá con barbijos y respiradores, para el cual no alcanzaran las cuarentenas.  

Afectar hoy el orden económico global, empezando desde cada nación, empujando desde abajo para evitar que sigamos siendo regulados y sometidos por el egoísmo de unos pocos, y de los tontos que sostienen su ideología, forzando la solidaridad de los más ricos, estableciendo el salario único universal, poniendo en el Estado el poder y no solo el gobierno y construyendo esa Democracia hasta hoy utópica, que entienda a toda forma de vida como parte de un equilibrio que nunca debe romperse en beneficio de una minoría. No es hora de pedir, es hora de tomar, es hora de distribuir para sobrevivir.



Autor:Daniel Bracamonte

Fuente: http://periodismoecologico.medios.com.ar/contenido/134/un-impuesto-que-desnuda-el-gran-dilema-humano

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