A Juan lo abandono el Estado...

Juan es monotributista, tiene la categoría mínima, trabaja poco y paga cada mes lo que fija el fisco con la esperanza de poder jubilarse. Su esposa Elsa es Jubilada y tiene algún rebusque para sumar unos pesos. Juan y Elsa eran gente de clase media, tienen una casa aceptable y un auto que ahora reposa al borde de un cordón de su vereda sin combustible. Los hijos de Juan tienen sus propios problemas o quizás no los tienen, pero como muchas veces sucede los supuestamente más cercanos son los más lejanos. 
Desde que comenzó la cuarentena la vida de Juan como la de la mayoría se detuvo; pasó a un estado de letargo que al principio simulaba unas vacaciones sin goce de sueldo.  - No está mal pensó Juan, parece o mejor dicho es, como si el mundo se detuvo-. El ruido cesó  y hasta el cielo es más claro - . 
Cada tardecita de esta cuarentena que quizás algunos no la vean terminar, Juan se sienta en el único lugar de su casa donde el sol deposita su fuente de vida y mira los arbustos de su casa lindera;  un gran terreno con despojos de una casa muy vieja donde hace un tiempo vivía su vecina, quizás la única con la que Juan se detenía esporádicamente a cruzar algunas palabras. Ella ya no está en este mundo y creo que si estuviera nadie le habría podido impedir que cada tres horas saliera a la calle a barrer la vereda y recoger las últimas noticias de ese barrio plano y agnóstico.  
Bajo el calorcito del sol, Juan se sorprende con la variedad de mariposas y abejas que ahora merodean entre los arbustos nacidos en esa vieja casa – Esto nunca lo vi antes – pensó Juan, es una paradoja,  la vida que encerramos ahora era libre y los carceleros estaban presos. 
Cada noche frente al televisor Juan es presa y víctima del constante bombardeo de pánico de los medios a medias. Cifras de infectados, muertos, estadísticas de lo que podría pasar si uno  salía a la calle. Pero entre tantos males surgía un superhéroe, el Estado, dispuesto a  evitar que muchos como Juan toquen fondo de salvarnos de los que unos pocos hicieron para que seamos tan frágiles.
Juan es de esos millones de argentinos acostumbrados a vivir con lo propio, al mismo tiempo como muchos comprendía y apoyaba la idea de la solidaridad con quienes conocen el "fondo", mucho antes de esta Pandemia. 
Cuando se enteró de que el estado estaba otorgando una ayuda a los monotributistas de las categorías más bajas ; se alegró – Bueno por lo menos se acuerdan de que en ésta somos más los que la vamos a pasar mal-. Leyó las condiciones para recibir esa ayuda y se dio cuenta, que no entraba en la categoría de los afortunados que recibirían ese placebo  que con los precios de los alimentos en constante suba les duraría muy poco, igual se anotó, creo que ingenuamente en su mente solidaria vio al Estado como a un igual, un ser pensante que podría entender cada situación, entrar mágicamente a su casa y comprender que con una jubilación mínima dos personas no pueden vivir más de una semana.
Juan esperaba ansioso  la fecha en que recibiría la respuesta a su pedido, hacía cuentas y a esas cuentas le sumaba diez mil pesos, - Bueno , no es mucho pero quizás tiramos una semanita más. Quizás hasta pueda pagar el internet y no me lo corten –  para Juan internet es la forma de escapar de la poca empatía y el individualismo que comenzaba a percibir en la sociedad, cada vez recibía menos mensajes preguntándole como estaba de sus amigos y conocidos y cada vez recibía  más mensajes alarmistas y conspirativos, algunos anunciando la mano justiciera de Dios, otros desentrañando conspiraciones del este, oeste, norte y sur, remedios salvadores y estadísticas incomprensibles. 
Notaba en la calle cuando corría haciendo sig sag para hacer las menguadas compras, la lejanía de la gente y pensaba si alguna vez recuperaríamos el contacto y la cercanía que nos definía como humanos , igual, pensaba Juan , ya no es como antes, ahora estar muy cerca de la gente puede ser peligroso un mal entendido y pun ..te voltean. 
Esa mañana Juan se levanto y corrió a su PC, entró en la pagina del ANSES y encontró la opción para saber si cobraría las diez Luquitas que millones estaban esperando, como un fulano  abandonado en medio del rìo esperaba ilusoriamente un flotador que lo salvara.
Usted no reúne las condiciones, decía el mensaje, o algo parecido, otro linck indicaba donde entrar para saber las razones del rechazo, Juan entro allí, aún no podía creerlo, su resignación prematura no había sido tal, en realidad él siempre pensó que era fácil discernir que dos personas no pueden en esta emergencia o en cualquier otra vivir con una pensión mínima. – Juan sos boludo, pensó, millones que viven así y nadie los toma en cuenta, ahora te toco a vos - . 
Juan no pudo hacer el reclamo había cambiado recientemente su DNI no tenia aún el plástico y le requerían un número de trámite que él no tenía, en la línea del "NONSES" lo mandaron a la página nuevamente, donde ya no tenía opciones. Allí murió su enlace con el “Estado”, allí también murió su miedo al Coronavirus. 
Juan abrió la puerta de su casa y salió a caminar, respiró profundo y le sonrió a quienes pasaban a su lado, sería una larga caminata, una caminata sin destino…



Autor:Daniel Bracamonte

Fuente: http://periodismoecologico.medios.com.ar/contenido/128/a-juan-lo-abandono-el-estado

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